Un as bajo la zapatilla

En apenas 4 semanas me pondré de nuevo delante de la línea de salida del Maratón de Madrid. Segundos, minutos, horas, días y semanas de entrenamiento marcados en el calendario y en el cuerpo, a base de sudor, cansancio, fatiga… Todo ello con un solo objetivo: cruzar la línea de meta.

Cuatro veces he cruzado ese arco final en Madrid, pero ninguna de ellas comparables entre sí.

Aún recuerdo con cariño mi primera vez, con más miedo que vergüenza por la falta experiencia total en la distancia reina. A la segunda le perdí un poco el respeto, y el maratón me puso en su sitio. A la tercera le robé la medalla en mi mejor registro hasta la fecha. Y en la cuarta, se tomó la revancha y me “apaleó”.

Correr en Madrid es correr en casa; seas de aquí o de allá que más da. Madrid te anima, te arropa, te envuelve cada zancada de magia. Pero también te exige y te lleva al mismo borde del abismo. Cara y cruz, alfa y omega, el yin y el yang.

Aquell@s que os enfrentéis por primera vez, un consejo: 42.195 metros dan para mucho. Como en una montaña rusa de sensaciones, molestias, dolores y pensamientos; así os encontraréis. Enamoraros en los primeros kilómetros, aceptad con la cabeza bien alta el enfrentamiento contra el muro, sacad toda la rabia contenida en estas semanas para llegar a la alfombra que cubre el Paseo de la Castellana; y vivid.

Vivid los últimos metros como si no los volvierais a repetir nunca más, abrazad ese momento. Será vuestro, seréis maratonian@s.

Aquellos que como yo repitáis de nuevo en Madrid, no puedo más que tacharos de loc@s. Nadie en sus cabales se pondría de nuevo en la línea de salida de Madrid; sabiendo que lograr una mejor marca personal será casi imposible, que si sale un día de calor en Abril va a ser un infierno, que si le da por llover va a ser un extenuante aguacero; que las cuestas van a dejarnos agujetas durante cuatro días, que la Casa de Campo será una batalla a las mismas puertas del Averno.

Menos mal que hace tiempo asumí que como yo, algunos perdieron el poco sentido común que les quedaba. Que cambiaron los pensamientos por sentimientos; pensar menos y vivir más.

El asfalto de Madrid aguarda férreo, listo para recibir nuestras zancadas; y no cederá en su empeño de mantenerse duro. De someternos a su voluntad, de hacernos caer a su antojo.

Pero siempre gana el que tiene la mejor carta; y la reina del asfalto no sabe que tod@s nosotr@s guardamos un as bajo la zapatilla. Contamos con algo ordinario que a veces desconocemos poseer.. somos jodidamente resilientes.

#tuslimiteslosponestu

 

 

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