Ultra Sierra Nevada, un victorioso abandono.

Abandonar Ultra Sierra Nevada 2019 fue una difícil decisión, pero también se convirtió en una gran victoria; carentes de medalla pero conocedores de que ganamos más de lo que perdimos.

Aunque mi llegada a Granada estaba prevista para las 17:30, el vuelo se retrasó y al final entramos al hotel sobre las 19:00 de la tarde. Lo que sobre el papel iban a ser al menos un par de horas de descanso, se convirtió en menos de una hora de sueño.. y estaba realmente cansado después del día de trabajo.

Cuando desperté toqué la puerta de Juan; era el momento de recoger el dorsal, preparar la cena y el material de la carrera.

A las 23:45 abandonamos el hotel y tras 700 metros llegamos a la salida.

El acceso al control de material se suponía que iba a ser rápido y fácil, pero en lugar de eso tuve que desmontar la mochila que con tanto cuidado había estado organizando minutos antes.

Una vez en el cajón, nos despedimos de nuestras guerreras; siempre dispuestas a ayudarnos en lo que necesitamos, siempre con una sonrisa y unas palabras de ánimo.. siempre agradecidos.

Intercambiamos impresiones con otros conocidos corredores, mientras nuestros GPS comenzaban a buscar señal. Unas últimas palabras con Juan y un abrazo, de esos que nos gustan a nosotros: llenos de cariño, respeto y compañerismo.

Las 00:00 llegaron y con ello el disparo de salida. Granada rugía y nuestros corazones empezaron a latir fuerte.

Granada-Cerro del Sol.

Los primeros kilómetros fueron sobre asfalto y atravesando la ciudad, a los pies de la Alhambra y el Generalife; pero enseguida enfilamos la subida hacia un sendero.

Este primer tramo fue rápido, pudimos correr bastante; aunque comenzaron algunos problemas. Mi frontal empezó a perder intensidad, indicativo de que las pilas se desgastaban poco a poco. Al ser un tramo «rápido» Juan se dispuso detrás de mi para así alumbrar nuestro camino.

Debido a que tuve que desmontar la mochila en el control, mi cortavientos en uno de los tramos cayó y tuve que tirar de la amabilidad de otros corredores para recuperarlo.

Antes de darnos cuenta estábamos entrando por el primer control de paso. Recargamos los bidones, repuse las pilas del frontal, comimos algo rápido y continuamos. No queríamos perder mucho tiempo en los avituallamientos. Al menos no en los primeros.

Cerro del Sol-Beas de Granada.

Si algo se caracterizó este tramo fue tener que cruzar el río. No llevábamos ni un cuarto de carrera, y los calcetines y zapatillas ya estaban empapados.

Algún tramo técnico hizo que tuviéramos que bajar algo el ritmo de carrera, pero todo muy llevadero.. salvo por la humedad en los pies y la tormenta.

La verdad que cuando empezamos la carrera sobrepasando los 35 grados, no imaginábamos que tendríamos que aguantar una tormenta en mitad de la montaña. Los rayos iluminaban nuestro camino, como si el firmamento quisiera facilitarnos la hazaña; las gotas recorrían nuestro cuerpo y mojaban nuestras ropas aliviando la intensidad del calor.

La entrada a Beas de Granada fue espectacular. Los corredores de la modalidad trail aplaudían nuestra llegada, y sus voces nos animaban a continuar.

Beas de Granada-Cortijo de Aguas Blancas.

A estas alturas mis pies se encontraban bastante resentidos. La humedad estaba volviendo su piel más blanda y la sensación de dolor a cada paso era una constante.. pero no quise decir nada  a Juan.

Lo importante era perder el menor tiempo posible, asique recargamos rápido y en unos diez minutos estábamos en camino. Justo antes de atravesar el control de paso y abandonar Beas de Granada, choqué la mano de Juan con ilusión y nos dispusimos a continuar.

La primera parte de este tramo fue asequible, pero antes de darnos cuenta nos encontrábamos subiendo «el cortafuego». Pensé que no saldríamos vivos de allí.. las piedras rodaban y caían, el suelo resbalaba a cada paso, los bastones estorbaban más que ayudar..  optamos por ir trepando en cuatro apoyos; ayudándonos de las piedras clavadas en el suelo y de las fuertes ramas de los árboles.

No sé cuánto tardamos en recorrerlo, pero cuando llegamos arriba y miré abajo no creía que hubiéramos sido capaz de hacerlo.

Una vez superado el tramo con mayor pendiente de la carrera, continuamos por un tramo fuera de pista lleno de vegetación baja muy agresiva.. y nuestras piernas fueron testigos de su dureza.

Cortijo de Aguas Blancas-Quéntar.

Llegamos al punto de control, aún arropado por la noche pero con las primeras luces del alba levantando al vuelo.

Cuando me dí cuenta Juan estaba saciando su estómago con bocados de nutella. Yo le acompañé pero no quise comer más de lo necesario, la sensación de plenitud en carrera es bastante desagradable y no quería estropear todo por comer demasiado.

Abandonamos el control de paso y enfilamos por una carretera, el amanecer había dejado paso a una agradable mañana. Decidimos apagar los frontales y retirarlos-Juan lo estaba deseando.

Dejamos el asfalto a nuestra derecha y encaramos un sendero. No llevábamos ni cincuenta metros y tuvimos que cruzar el río Paules. Esta vez por unos troncos evitando volver a mojarnos.

El tramo no era excesivamente difícil, pero los corredores de la modalidad trail apretaban con sus frescas piernas a nuestra altura y teníamos que dejarles pasar constantemente. La verdad que fue bastante incómodo en algunos tramos tener que parar y ceder el paso.

Como no, tuvimos que atravesar de nuevo el río. Nos saltamos el tramo balizado por la organización y nos dirigimos unos metros más abajo; donde las piedras estaban secas y no supusieron peligro a nuestro paso.

El resto del camino se dividió entre subir con los bastones y bajar corriendo todo lo rápido que pudimos.

A pocos metros de del paso de control de Quéntar, Juan me dijo que nuestras guerreras nos sorprendería allí con su presencia-yo dudé.

Dejé de mirar el cementado asfalto, subí la cabeza.. y allí estaban con una sonrisa y los brazos en alto.

Quéntar-Fuente de la Teja.

El reloj marcaba las nueve de la mañana; algunos corredores ya estaban esperando los autobuses de vuelta a meta, el sol empezaba a abrirse paso en lo alto del cielo.

Dedicamos unos 20 minutos en este avituallamiento. Repusimos fuerzas, besos y abrazos; cambié por fin mis húmedos calcetines, sequé mis pies, retoqué mis protecciones en los pies, y me embadurné de crema solar.

Nos despedimos y continuamos el camino.. bajo el sol de Granada.

Empezamos a sentir los kilómetros y nos hacemos una idea de lo que nos esperaba. El sol apretaba sin compasión, sin una sombra donde resguardarnos.

Subida muy dura a “Los Jarales”, mantenida y larga. Empezamos a ver algún corredor más de la distancia ultra.. dispuesto a abandonar.

Llegamos al segundo cortafuego, se hace eterno debido a la variante del recorrido por unas sendas hasta la cresta.. tememos la deshidratación y no paramos de beber. Los cuatro bidones empiezan a ser algo justos ante tal sensación de fuego bajo nuestros pies e infierno sobre nuestras cabezas.

Nuestros pasos nos conducen nuevamente al asfalto.. y Juan me comenta que empieza a encontrarse mal, como mareado. Mi cadera izquierda tampoco estaba mucho mejor; no sé si por haber corrido el Trail de Peñalara dos semanas antes; pero la sentía bloqueada y en los ascensos el dolor me hacía tener que inclinar mi cuerpo hacia ese lado para mitigarlo.

Llegamos al control de paso, Juan atacó de nuevo los bocados de nutella; yo tuve que sentarme y reponer. Podías sentir y ver la cara de aquellos que se habían dado ya por vencido, a la espera del autobús de vuelta.

Fuente de la Teja-Güejar Sierra.

Abandonamos el avituallamiento y punto de control. Comenzamos el ascenso a “El Calar Alto”, sin saber el infierno que se nos venía encima.

Polvo, piedras, sol, calor.. eran las 12 de la mañana. Sin una sombra en el horizonte, sin un ápice de compasión.. un paso, otro, un paso, otro. Los segundos parecían horas, y los minutos días.

Nos encontrábamos atravesando el averno a 2000 metros de altura. Mis pies estaban hinchados, mucho; mi cadera estaba aguantando como podía. Juan no estaba mucho mejor. Nuestros pasos eran cortos y lentos, el resto de corredores nos superaban sin ningún tipo de problema.

«Es demasiado castigo Juan, no tenemos que demostrar nada a nadie»-le digo con la boca seca. Él me responde que abajo lo vemos.

No sabría deciros cuánto tiempo llevábamos bajo el sol, pero Juan volvió a encontrarse mal, y esta vez incluso no veía bien.

Paramos, apenas dos minutos; bajo el sol nos sentamos sobre una piedra humeante. En mi interior ya lo sabía, hoy la victoria sería retirarse.

Una cosa es correr un ultra, y otra muy diferente es poner en riesgo nuestra vida; y yo sentí que estábamos en ese punto en el que si continuábamos algo complicado podría suceder. Bien por mi fatiga y cansancio que hicieran que un mal paso se tradujera en una caída; bien por ese malestar de Juan que pudiera convertirse en algo más grave.

Asique enfilamos el último tramo del descenso sabedores de que ahí estaba nuestro final en Ultra Sierra Nevada.

Llegamos al avituallamiento, arropados por el cariño de nuestras guerreras que férreas nos esperaban como les habíamos pedido.  Entramos en el polideportivo de Güejar Sierra a las 15:45, a quince minutos del cierre de control.

«Juan, ¿apago el GPS?»- «Sí»

Nunca antes había abandonado una carrera, no conocía esa sensación de tener que renunciar a continuar.. pero lo hicimos, juntos y con una sonrisa.

71 kilómetros , 3000 metros positivos y 15 horas y 33 minutos después, los UltraBros habíamos cruzado nuestra victoriosa meta.

#tuslimiteslosponestu

 

 

 

4 opiniones en “Ultra Sierra Nevada, un victorioso abandono.”

  1. Pues, ha sido toda una hazaña esos kms y desnivel conseguidos en esas circunstancias! Elegir abandonar es un triunfo! Sí, no tenéis que demostrar nada a nadie! Sois grandes! Juan y Rubén! Vaaaaaamos!

  2. Rubén, hicisteis lo más inteligente que podíais haber hecho !!!
    Bravo …. tu sabes que para nosotros, siempre eres Ganador !!!
    Cuídate !!!

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