Primero la emoción, luego el movimiento.


La palabra emoción deriva del latín emotio, que significa “movimiento”, “impulso”.

La emoción es energía que se mueve a través de nuestro cuerpo y nos impulsa hacia la acción. Ese algo transitorio, que nos saca de nuestro estado habitual. Genera en nuestro cuerpo una respuesta física, psicológica y conductual.

Por lo tanto es fácil entender que antes de llevar a cabo algo, ese algo nos tiene que impulsar a ello. Ya  sabes eso de “si te quema, hazlo”.

Existen emociones primarias y secundarias. Las primeras son innatas, como por ejemplo la alegría, la tristeza, el miedo o la sorpresa. Las segundas son aquellas que se generan a consecuencia de las primeras, ejemplo de ello son la esperanza, el orgullo o la culpa.

Y.. ¿si fuéramos capaces de abrazar conscientemente esa emoción primaria para conseguir cambiar nuestro mundo?

A menudo, cuando corro puedo sentirlas. Hay momentos que una sola vez, y otros millones de veces. Me empujan y hacen que continúe. Consiguen que mis pies doloridos o mis pulmones fatigados sean capaces de cruzar la meta. Me obligaron a tomar la determinación de abandonar la única carrera de la que me he retirado en toda mi vida.

Pero también las puedo percibir día a día; en las cosas cotidianas que abarcan mi vida. Desde ayudar en el proceso de recuperación a un paciente acompañándolo con mis manos; un paseo de la mano por las calles de Madrid, o rodeando la mesa de la casa de mis padres los domingos para comer.

Por lo tanto, creo que es importante identificar, comprender y transformar conscientemente la emoción para generar una respuesta que sume y que aporte a la vida.

La “gasolina” es ilimitada e innata, formando parte de nuestro YO más profundo: primero la emoción, luego el movimiento.

Y si el movimiento es vida, la emoción nos llevará a vivir marcando la diferencia.

#tuslimiteslosponestu

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