Y me convertí en ultramaratoniano.

Eran las 23:15 y ya no podía más. Me acosté tres horas antes con la idea de dormir hasta las 2:00 de la mañana, pero los nervios  no permitieron más descanso. La espera hasta que sonó el despertador de Juan, fue un continuo revisar la mochila, la ropa y el recorrido. A las 3:15 mi padre estaba en la puerta de casa con el coche para llevarnos a la salida. Llegamos a Plaza de Castilla a las 3:40, y me despido de él –nos vemos en Segovia– le dije. Juan y yo decidimos resguardarnos del frío nocturno. Cada vez las caras conocidas son más, y la alegría y buen ambiente son los protagonistas absolutos. 4:55 de la mañana y nos situamos en la salida; los cinco minutos se pasan rápido y enseguida vemos que los primeros empiezan a correr. Abrazo a Juan, y sé que será épico.  Continuar leyendo «Y me convertí en ultramaratoniano.»